Cuando Italia me habla… đź’–
No sé si alguna vez has sentido que un idioma puede abrazarte.
Que las palabras no solo suenan, sino que te atraviesan.
A mĂ me pasa con el italiano.
No importa si estoy en una plaza llena de gente o en un cafĂ© silencioso donde solo se escucha el tintinear de las cucharitas…
Cuando alguien habla italiano cerca de mĂ, mi corazĂłn se acelera.
Es como si todo cobrara vida: los gestos, los tonos, la musicalidad. Porque en Italia no se habla solo con la boca. Se habla con las manos, con los ojos, con el alma.
La cadencia del italiano es Ăşnica.
Es dulce y firme a la vez.
Es poesĂa cotidiana.
Cada frase parece tener una intenciĂłn, un ritmo, una melodĂa que te envuelve y te arrastra. Y yo, feliz, me dejo llevar.
Hay momentos en los que cierro los ojos solo para escuchar.
Y aunque no digan nada especial —una receta, una direcciĂłn, una conversaciĂłn sobre el clima— yo lo vivo como si fuera un concierto.
Estar en Italia y escuchar italiano todo el dĂa es, para mĂ, como estar enamorada y sentir mariposas cada cinco minutos. Es mágico.
Y sĂ, tal vez no existan palabras exactas para explicarlo… pero si alguna vez has sentido un amor que no sabes de dĂłnde viene, pero que sabes que es tuyo, entonces quizá puedas entenderlo.
Italia me habla. Y yo, cada vez, me enamoro otra vez.




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